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Algunas consideraciones sobre la empatía, las neuronas espejo y la conciencia humana.

  • 10 mar 2016
  • 3 Min. de lectura

Ciencia y Literatura


La teoría del contrato social y con ella la civilización occidental, parece imbuida de la suposición que somos criaturas asociales, incluso malvadas, Hobbes propuso que al principio nuestros antepasados eran autónomos y combativos y establecieron la vida comunitaria sólo cuando el coste de los conflictos se volvió insoportable. Según Hobbes, la vida social nunca llegó a nosotros de forma natural, la consideraba un paso que dimos a regañadientes y sólo mediante un pacto de manera artificial. Sin embargo nunca hubo un momento en el que devinimos sociales, descendemos de ancestros altamente sociales, un largo linaje de monos y simios; y siempre hemos vivido en grupo. Nunca ha existido la gente libre e igual, los humanos empezamos siendo (si es que se puede distinguir un punto de partida) seres interdependientes, unidos y desiguales. Procedemos de un largo linaje de animales jerárquicos para los que la vida en grupo no es una opción sino una estrategia de supervivencia. Cualquier zoólogo clasificaría a nuestra especie como obligatoriamente gregaria.

En los últimos años han habido algunos desarrollos muy interesantes en la biología evolutiva: ciencia cognitiva neural, desarrollo infantil, investigación y muchos otros campos que empiezan a cuestionar algunas de estas consignas que desde hace mucho tiempo hemos tenido sobre la naturaleza humana y el sentido del camino humano. Pero hay otro marco de referencia emergiendo en las ciencias, el cual es muy interesante y realmente desafía estos supuestos, y con esto las instituciones que hemos creado basándonos en esos supuestos; nuestras instituciones educativas, nuestras prácticas de negocios, nuestras instituciones de gobierno, etc. El escritor Julio Cortázar dijo: “siempre fuiste mi espejo quiero decir que para verme tenia que mirarte”. Dejen que los lleve a principios de 1990 a un pequeño laboratorio en Parma, Italia; cuando los experimentos en una especia de macaco (Macaca nemestri) dio a conocer al mundo la existencia de las “neuronas espejo” las cuales se activan de igual manera cuando hacemos una acción que cuando observamos una acción. Después se dirigieron a los seres humanos y lo que encontraron una y otra vez fueron las neuronas espejo, y es que aparentemente estamos conectados; algunos primates, todos los humanos, sospechamos que los elefantes, no estamos seguros sobre los delfines y los perros, estos estudios acaban de empezar. Pero la civilización humana está conectada a través de las neuronas espejo, de modo que, si yo te estoy observando: tu ira, tu frustración, tu sentido de rechazo, tu alegría, tu compasión, tu amor, lo que sea, las mismas neuronas se encienden en mi como si yo mismo estuviera viviendo la misma experiencia.

Las neuronas espejo sugieren que estamos conectados no para la agresión, violencia, egoísmo y utilitarismo, que en realidad estamos conectados para la sociabilidad, como John Dowlby dijo: «la primera unidad es la unidad a la que realmente pertenecemos… la empatía». La empatía es la habilidad para comprender y compartir los sentimientos del otro. La visión de la moralidad sostenida por los biólogos durante el ultimo cuarto del siglo XX queda resumida en la máxima de Guiselin: «arañe a un altruista y verá cómo sangra un hipócrita». Se pensaba que los seres humanos éramos seres realmente egoístas y competitivos y que la moralidad no era sino una ocurrencia tardía. Asociar la empatía a nuestros lóbulos frontales que sólo alcanzaron su extraordinario desarrollo en los últimos dos millones de años, supone negar lo mucho que forma parte de lo que somos y de quienes somos. La empatía forma parte de un legado tan antiguo como el linaje mamífero, la empatía involucra áreas cerebrales que tiene mas de cien millones de años de antigüedad; es una capacidad que surgió hace mucho con el mimetismo motriz y el contagio emocional a lo que la evolución fue añadiendo una capa tras otra, hasta que nuestros ancestros no solamente sintieron lo que otros sentían, sino que comprendieron lo que otros podían querer o necesitar.

Por mucho tiempo las humanidades se negaron a aceptar las explicaciones biológicas para generar ideas acerca de la conducta humana y su naturaleza, hoy la ciencia no sólo rompe los viejos paradigmas acerca de nuestro devenir en esta tierra, también nos enseña que la humanidad es más gregaria, cooperativa y empática de los que se creía y las absurdas ideas tan difundidas en campos como la filosofía, el derecho, la economía y las ciencias sociales empiezan a ser rechazadas, del entendimiento de estos avances dependerá nuestro futuro como civilización y la vida en el planeta.

See you space cowboys.

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